—¿Cómo?
—Separé a la familia.
Su madre abrió mucho los ojos.
—¿Estás loca?
Negué lentamente.
—No. Solo seguí tu lógica. Si tú querías disfrutar unas vacaciones con tu mamá mientras yo cuidaba sola de los niños… pensé que también disfrutarían buscando dónde dormir juntos.
Roger empezó a ponerse nervioso.
—Laura, deja de jugar.
Saqué otra hoja de mi bolso.
Era la confirmación de la única habitación disponible para esa semana.
La Suite Familiar.
Con capacidad para cuatro personas.
Yo y los niños.
Nada más.
—¿Y nosotros? —preguntó su madre.
—El hotel está completamente lleno. Pero estoy segura de que encontrarán algo.
Roger levantó la voz.
—¡No puedes hacerme esto!
Lo miré directamente a los ojos.
—¿Y tú sí podías dejarme sola con tres niños durante un vuelo de ocho horas para viajar cómodo con tu mamá?