Lo encontramos en nuestro baño. Cuando lo vi por primera vez, era realmente de muy buena calidad.

Era casi embarazoso. Ningún monstruo, ningún parásito, ninguna catástrofe actual, solo la crisálida de un escarabajo, atrapada en plena metamorfosis en el suelo de nuestro salón. Todo ese miedo se dirigía a una cosa frágil y dormida, que se transformaba en silencio.

Durante unos minutos, nuestra imaginación había fabricado los escenarios más perturbadores. Habíamos planeado lo peor, convencidos de que un peligro se había acercado a nuestro hogar. Sin embargo, la realidad era muy diferente. Allí, ante nuestros ojos, estaba simplemente una pequeña criatura realizando uno de los fenómenos más extraordinarios de la naturaleza: una transformación.