Al mirarlo más de cerca, me di cuenta de lo engañosas que pueden ser las apariencias. Lo que nos parecía extraño y amenazante era en realidad solo una etapa de la vida, un paso necesario entre lo que era y lo que iba a ser. El miedo dio paso a la curiosidad, luego a la maravilla.
Nuestras risas estaban llenas de alivio, pero también de cierta comprensión. Porque este pequeño y inocuo evento parecía contar algo mucho más grande. ¿Con qué frecuencia juzgamos demasiado rápido lo que no entendemos? ¿Con qué frecuencia huimos de una situación, de una persona o de un cambio solo porque parece inusual?
La verdad es que algunas cosas tienen que parecer extrañas antes de revelar su verdadera naturaleza. Detrás de muchas preocupaciones hay a veces oportunidades. Detrás de ciertos fracasos se está gestando un renacimiento. Y detrás de lo que parece un final a veces se encuentra el comienzo de algo más bello.
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Me quedé unos momentos mirando esa crisálida inmóvil. No sabía nada de nuestro miedo, nuestras suposiciones ni nuestros juicios. Simplemente continuó su transformación, en silencio. Un día, se abriría y revelaría una criatura totalmente diferente a la que había sido.
Al salir de la habitación, un pensamiento seguía volviendo a mi mente: ¿y si a veces fuéramos como esta pequeña crisálida? ¿Y si algunos periodos confusos de nuestras vidas no fueran señales de que todo va mal, sino etapas invisibles de una transformación más profunda?